Cómo iniciarse en el Feng Shui

¿Qué es el Feng Shui?

El camino de la paz interior puede ser recorrido de muchas maneras. El Feng Shui es uno de estos recorridos, y se basa en la distribución de los ambientes y elementos de cada espacio del hogar, de una manera que permita o posibilite la circulación de las energías, para que contagien a nuestros ambientes y, con ello, a nosotros mismos.

Si bien hay una suerte de moda al respecto del Feng Shui, lo cierto es que se trata de algo que se acerca más a una filosofía. La mera colocación de colores, texturas, elementos decorativos, o la simple distribución específica del mobiliario y de las estancias del hogar no alcanzarán el objetivo. Se necesita, ante todo, interiorizarnos en la creencia.

Pocas veces en la vida recibimos algo en verdad inesperado y no buscado. Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, debemos disponernos a recibir las bondades del Universo. Así, el Feng Shui no se describe como una técnica o un estilo decorativo, sino como una disposición en cuerpo y mente que se convida a los espacios del hogar.

Cómo funcionan las energías

El primer paso para iniciarse en el Feng Shui es aceptar la existencia de las energías. Hablamos aquí de todas las energías, incluyendo las físicas, las humanas, las intensiones, lo bueno y lo malo. Las energías son buenas o malas, y han de coexistir: para que haya energías buenas, es necesario que también existan las energías malas.

Ese es el segundo paso para incorporarnos en el Feng Shui: aceptar que estamos rodeados, también, de energías negativas. Estas son necesarias. Por eso, el Feng Shui se dedica a la circulación de todas las energías: para que las buenas permanezcan y contagien el hogar, y luego fluyan, y para que las negativas permitan la existencia de las positivas y fluyan más rápida y directamente.

Creer, para iniciarse en el Feng Shui

Una vez que has aceptado la existencia de energías y la coexistencia necesaria de lo bueno y lo malo (Yin y Yang), debes creer en que estas energías, si bien no pueden ser manejadas, pueden ser dirigidas. Por eso, el Feng Shui utiliza colores, texturas, elementos de todo tipo: para permitir la circulación de las energías, en diferentes estilos, y en relación a los cinco principales elementos de la Naturaleza: agua, aire, tierra, fuego y metal. De este modo, las energías coexisten en todo momento y lugar, pero son dirigidas y demoradas según el objetivo de la habitación o del ambiente, a través de los elementos del Feng Shui.

El Feng Shui no es una ciencia: es una creencia. Partiendo de esta noción, podrás aceptar que los elementos tienen poder, que laten de una manera en la que pueden beneficiarte. Sin embargo, si no tienes el marco mental de apertura para recibir las bondades del universo, estos elementos no podrán ayudarte: no tienen "poderes mágicos", sino poderes que son capacidades o atributos útiles para una u otra cosa.

El arco y la predisposición mental son indispensables para la aplicación de las técnicas del Feng Shui. De algún modo, incluso son más importantes (casi imprescindibles) que los elementos y objetos, colores o texturas utilizados en estas técnicas.

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